József Attila: Para mi cumpleaños

miércoles, 21 de diciembre de 2011



Cumplo dos años más que treinta-
me deleito con ese poema
aga-
sajo:

Un regalo, que me doy de sorpresa
en el rincón de una cafetería
yo mismo
a mi mismo.


Han volado mis años treinta y dos
Y nunca gané al mes los doscientos.
¡Mira
mi Patria!

Hubiera podido ser un maestro,
No un pluma-desgastador
pobre
diablo.

Pero no lo he sido, porque en mi ciudad
me echó de la universidad
el señor
rector.

Su veredicto vino rápido y bruto
Por mi poema ”Corazón puro”,
con sable
a mano

defendió mi país contra mí.
Mis recuerdos lo citan aquí
el nombre
del hombre

“Usted, mientras yo este en vida,
no será profe en esta tierra”-
declaró
claro

El señor Horger Antal y lo goza,
que el poeta no estudia gramática,
de poca
monta-

¡Yo, a todos de mi pueblo
Y no en grado secundario
ense-
ñaré!
 11 abril 1937

Horger Antal
El 25 de marzo de 1925 el diario Szeged publicó un - sin duda provocativo - poema; el Corazón puro. Horger Antal, quien era un profesor de József Attila, reaccionó así según un testigo:
  „Mire, señor József – dijo Horger –, Usted publicó un poema en el diario de Szeged el domino pasado. Entre otras cosas dice que, no tiene ni dios ni patria. Y si hace  falta se vende a si mismo y asesina… con una mentalidad así no puede ser profesor de un instituto, no puede educar de esa manera la juventud húngara. Usted, puede estudiar filología pero no puede licenciarse como profesor, mientras yo sigo aquí.
   – Pero señor profesor, cuando yo escribí ese verso ya llevaba tres días sin comer…
   – Por favor… (y con ese por favor cortó las palabras de József Attila bruscamente) El poema ha sido publicado. No tengo nada más que decir.”
 
El poeta en su Currículum vitae y en ese poema que escribió para su cumpleaños recuerda a estos hechos.  El profesor no le echó de la universidad solo le amenazó. József Attila dejó la Universidad de Szeged voluntariamente para seguir sus estudios en Viena.  Pero nunca llegó a ser profesor de instituto.
La Universidad de Szeged con la estatua del poeta
Por cierto, la Universidad de Szeged hoy en día lleva el nombre del poeta y  todos los húngaros estudian sus versos.

József Attila: Epitafio de un campesino español

viernes, 9 de diciembre de 2011

El general Franco me reclutó para ser soldado feroz,
No huí, temí, si no, me van a pegar un tiro.
Tenía miedo - por eso luché en su ejercito contra la ley y la libertad
en los muros de Irun. Y la muerte me encontró también así.

1936 - Finales de agosto


Radnóti Miklós: Federico García Lorca



Por que Hispania te amaba
y los amantes decían tus versos, -
cuando vinieron, qué más podían hacer,
eras poeta- ellos te mataron.
El pueblo ahora sin tí sigue su lucha.
!hey, Federico García!.

1937


El destino de Radnóti es similar al de Lorca, fue asesinado por los fascistas el 9 de noviembre de 1944 y enterrado en una fosa común.

József Attila: CURRICULUM VITAE

jueves, 8 de diciembre de 2011


Nací en 1905, en Budapest, soy ortodoxo de religión. Mi padre -el extinto Áron József- se expatrió cuando yo tenía tres años y la Asistencia Pública me envió a Öcsöd, donde fui criado por campesinos. Fue allí donde viví hasta la edad de siete años. Trabajaba como lo hacen en general los niños pobres del campo; cuidaba cochinos. Cuando cumplí siete años, mi madre -la extinta Borbála Pócze- me llevó de nuevo a Budapest y me inscribió en el segundo grado de la escuela primaria. Mi madre lavaba y hacía trabajos domésticos para mantenernos a mis dos hermanas y a mí. Ella trabajaba en casas ajenas y allí permanecía de la mañana a la noche. Entregado a mí mismo, sin vigilancia, yo vagabundeaba y mataba el tiempo. Pero en mi libro de lectura de tercer grado hallé historias interesantes acerca del rey Attila y me lancé a la lectura.

Los cuentos relativos al rey de los hunos no sólo me interesaban porque yo también me llamaba Attila, sino porque en Öcsöd mis padres adoptivos me habían llamado Pista(1). Después de un conciliábulo entre los vecinos, escuchado por mí, ellos habían llegado a la conclusión de que el nombre de Attila no existía. Esto me había llenado de estupor, como si fuera mi propia existencia lo que ponían en duda. El descubrimiento de las historias del rey Attila ejerció, creo yo, una influencia decisiva sobre mi orientación y, en fin de cuentas, a ello se debe que yo me haya vuelto hacia la literatura, que haya aprendido a reflexionar, y que me haya convertido en un hombre que escucha las opiniones ajenas, pero pasándolas por el tamiz de su propia experiencia; un hombre que responde cuando le llaman Pista, antes de haber verificado lo que pensaba en el fondo de sí mismo, es decir, que su nombre era Attila.

Contaba nueve años de edad cuando estalló la guerra mundial. Nuestra suerte empeoraba sin cesar. Tenía que hacer la cola frente a las tiendas. A veces yo tomaba mi turno en la tienda de víveres a las nueve de la noche, y a las siete y media de la mañana, cuando llegaba mi número, se reían en mis narices diciéndome que ya no había grasa.

Ayudaba a mi madre como podía. Vendía agua en el cinematógrafo Világ. Para calentarnos, robaba carbón y madera en la estación de Ferencváros. Confeccionaba juguetes de papeles de colores y se los vendía a los niños más ricos que yo. Llevaba cestas y paquetes al mercado, etcétera.

Durante el verano de 1918, pasé unas vacaciones en Abazia gracias a la Acción Real para las Vacaciones de los Niños. En esta época mi madre ya estaba enferma, tenía un fibroma y yo mismo me presenté en la Asistencia Pública: fue así como partí para una breve estadía en Monor. De regreso en Budapest, vendí periódicos, comercié con sellos y luego con billetes blancos y azules(2) como un aprendiz de banquero. Durante la ocupación rumana, vendí pan en el café Emke. Entre tanto, después de haber terminado el quinto grado de la escuela primaria, asistí al Curso Complementarlo.

Durante las navidades de 1919, mi madre murió y el Servicio de Huérfanos escogió como tutor a mi cuñado Ödön Makai, el cual acaba de morir. Durante una primavera y un verano, trabajé a bordo de las barcazas Vihar, Török y Tatár de la compañía de navegación Atlánica. Después, sin haber asistido a las clases, pasé el examen de cuarto grado del Curso Complementario y me gradué, luego de lo cual mi tutor y el doctor Sándor Giesswein me enviaron al seminario de los Hermanos Salesianos en Nyergesújfalu. No permanecí allí más que quince días en total debido a mi condición de ortodoxo y no de católico. De allí fui enviado a Makó, al colegio Demke, donde no demoré en obtener una plaza gratuita. En verano, daba clases en Mezóhegyes a cambio de la comida y el alojamiento. Terminé el sexto grado del liceo con la mención de sobresaliente. Y no obstante, debido a los trastornos ocasionados por la pubertad, yo había intentado suicidarme en varias ocasiones. Es cierto que no tenía entonces, como antes, nadie cerca de mí que me guiara con sus consejos amistosos. Fue en esa misma época cuando aparecieron mis primeros versos. La revista Nyugat(3) publicó poemas que había escrito a la edad de diecisiete años. Me consideraron un niño prodigio, y sin embargo no era sino un huérfano. Al terminar el sexto grado, abandoné el liceo y el internado, pues, en mi aislamiento, me sentía desocupado: no estudiaba, pues me sabía la lección tan pronto el profesor la explicaba, mi certificado y la mención de sobresaliente dan, por otra parte, fe de ello. Trabajé en Kiszombor como obrero agrícola, jornalero, y luego me contrataron como preceptor. Aconsejado por dos de mis profesores, que sentían afecto por mí, decidí, no obstante, presentarme al bachillerato. Pasé el examen de séptimo y octavo grados de una sola vez y así terminé un año más temprano que mis antiguos condiscípulos. Sin embargo, como no había dispuesto más que de tres meses para estudiar, pasé el examen de séptimo grado con buenos resultados, pero el de octavo con notas mediocres. Mi carné de bachillerato presentaba notas mejores que el de octavo grado. Sólo en húngaro y en historia obtuve el aprobado. Ya en aquella época me habían acusado por haber blasfemado el nombre de Dios en un poema: el Tribunal Supremo me absolvió.

Luego de haber sido durante cierto tiempo representante de librería en Budapest, en la época de la inflación fui empleado por el banco Mauthner. Después de la introducción del sistema Hintz, me pasaron a la contabilidad y, para gran disgusto de mis compañeros de más edad, fui encargado de controlar los valores que estaba permitido emitir los días de pago. Mi voluntad de trabajo fue un tanto lesionada por el hecho de que mis mencionados colegas echaban sobre mí una parte de su propio trabajo, que de ese modo yo tenía que realizar aparte del mío. Además, ellos no dejaban de fastidiarme a causa de mis poemas que se publicaban en la prensa. "Cuando yo tenía su edad, también escribía versos", decían. Más tarde, el banco quebró.

Decidí que al fin y al cabo sería escritor y que trataría de hallar alguna ocupación burguesa en relación estrecha con la literatura. Me inscribí en la Facultad de Letras de Szeged para estudiar húngaro, francés, y filosofía. La matrícula comprendía cincuenta y dos horas de clases por semana y, al fin del semestre, pasé un examen obteniendo la mención de sobresaliente. Pagaba mi alojamiento con los honorarios de mis poemas publicados.

Me había sentido muy orgulloso de que mi profesor Lajos Dézsi me estimara con aptitudes para emprender estudios independientes. Pero quedé definitivamente desalentado cuando el profesor Antal Horger, con quien debía pasar el examen de lingüística húngara, me declaró, ante dos testigos -aun hoy sé sus nombres; ellos son profesores- que, mientras él viviera, yo nunca podría llegar a ser profesor de liceo. "Pues, me dijo, poniéndome en la cara un ejemplar del periódico Szeged, a un hombre que escribe semejantes cosas, nosotros no podríamos confiarle la educación de las generaciones futuras". Se habla a menudo de la ironía de la suerte y aquella en realidad fue una ironía, pues el poema incriminado, Corazón puro, pronto se volvió célebre. Siete artículos le fueron consagrados.

Lajos Hatvany ha declarado en varias ocasiones que. "para conocimiento de los tiempos futuros" aquel era el testimonio de toda la generación de post-guerra. Ignotus, por su parte, acariciaba, mimaba, mecía, murmuraba este maravilloso poema, según escribió en la revista Nyugat, y en su arte poética lo presentó como modelo de la nueva poesía.

Al año siguiente -yo tenía entonces veinte- fui a Viena y me inscribí en la Universidad. Para vivir, vendía periódicos a la entrada del Rathaus-Keller y realizaba la limpieza de los locales de la Academia Húngara de Viena. Cuando el director, Antal Lábán, se enteró, quiso que aquello terminara. Ordenó que me dieran la comida en el Collegium Hungaricum y me consiguió alumnos: los dos hijos del director general del Banco Anglo-Austríaco, Zoltán Hajdu. De Viena, donde yo me albergaba en la miseria (no me había acostado en sábanas durante cuatro meses), me convertí, sin transición, en el huésped del castillo Hatvany, en Hatvan, y luego que la dueña de la casa, señora de Albert Hirsch, me suministró dinero para el viaje, partí hacia París a fines del verano. Allí, me inscribí en La Sorbona.

El verano siguiente fui a la costa del mediodía de Francia, a un pueblo de pescadores.

Luego regresé a Pest. Asistí durante dos semestres a los cursos de la Facultad de Budapest: no realicé sin embargo mis exámenes de profesorado pues, evocando la amenaza de Antal Horger, estaba convencido de que de ningún modo obtendría una plaza. El lnstituto del Comercio Exterior me empleó entonces, desde su creación, en trabajos de correspondencia en húngaro y en francés. Mi antiguo director general, el señor Sándor Kóródi, está dispuesto, creo yo, a dar referencias acerca de mí. En esa época, no obstante, la suerte me golpeó de modo tan imprevisto que, por más endurecido que yo estuviese, no lo pude soportar. Primero me enviaron a un sanatorio, luego me dieron permiso por enfermedad, a causa de mi neurastenia. Abandoné mi oficina, comprendiendo que, siendo tan joven, no podía permanecer a cargo de una institución. Desde entonces vivo de lo que escribo. Soy redactor de la revista literaria y crítica Szép Szó (4).

Además de mi lengua materna, el húngaro, escribo y leo el francés, y escribo perfectamente a máquina. He aprendido igualmente la taquigrafía: un mes de práctica sería suficiente para refrescar mis conocimientos. Tengo alguna experiencia en materia de emplane de periódicos. Sé componer según las reglas. Me considero un hombre de honor, creo poseer agilidad mental y constancia en el trabajo.

Attila József    
  (Febrero, 1937)


(1) Diminutivo de Iván.
(2) Durante la inflación que se produjo en Hungría en los años de post-guerra. circulaban dos tipos diferentes de billetes, unos blancos y otros azules, con los cuales se especulaba. Los primeros tenían más valor que los segundos.
(3) Occidente.
(4) Argumento.

Határ Győző: El gran estafador

domingo, 4 de diciembre de 2011


 
El que creó esta Tierra
y no sintió vergüenza
tomándose un descanso el séptimo día
y se tumbó ociosamente
para deleitarse con su obra porque la encontraba impecable,
tiene que ser un inepto mentiroso o un patético estafador.



  Traducción de Lucas Sarasibar

Illyes Gyula: Una frase sobre la tiranía

Donde haya tiranía,
está la tiranía
no sólo en calabozos
ni en bocas de fusiles,
no sólo en cuartos de tortura,
no sólo en las nocturnas
consignas de los guardias,
está la tiranía
no en los pliegos de cargos
ardiendo oscuros como el humo,
la confesión, ni el morse
del preso sobre el muro,
no sólo en la sentencia
fría del juez: ¡culpable!
está la tiranía,
y no sólo en las órdenes
de ¡Preparen! y ¡Fuego!
ni en los redobles,
ni en el modo en que arrastran
el cadáver al foso,
no sólo en las noticias
susurradas con miedo
a través de una puerta
furtiva y entreabierta,
en el dedo en los labios
indicando callarse,
está la tiranía,
y no sólo en el rígido
trazo como de rejas,
ni en el aullar luchando
mudo contra las rejas,
ni en la cascada
de lágrimas calladas
acreciendo el silencio,
ni en la pupila abierta,
está la tiranía,
y no sólo en los ¡Viva!,
ni en el ¡Bravo! y los cantos
que en pie todos corean;
donde haya tiranía
está la tiranía
no sólo en los aplausos,
las palmas incesantes,
las trompetas, la ópera,
la piedra en las estatuas,
el color del retrato
chillón y mentiroso,
no sólo en cada marco,
ya en el pincel estaba;
ni en el vibrar del auto
de noche y en silencio,
que se detiene
bajo la arcada;
donde hay tiranía, siempre
está presente
en todas partes, como
tu dios nunca estuviese;
está la tiranía
en el jardín de infantes,
el consejo del padre,
la sonrisa materna;
en el modo del niño
responder al extraño;
no sólo en el alambre
de púas, ni en las frases
gastadas que en los libros
duelen más que las púas;
está en el beso
de despedida,
al decir de la esposa
cuándo vuelves, querido;
en los qué-tal triviales
que en la calle te llueven,
y ese apretón de manos
que de súbito aflojan;
al helarse la cara
de tu amor de repente,
pues en las citas
de amor está presente;
no sólo en los careos,
la confesión, las dulces
palabras embriagadas,
como mosca en el vino,
ni en tu sueño estás solo,
está la tiranía
en el tálamo, y antes
aún, en el deseo,
pues para ti lo bello
es lo que ya ella tuvo,
y con ella yacías,
mientras creías que amabas,
en el plato y el vaso,
la nariz y la boca,
en el frío y la sombra,
en tu cuarto y afuera,
como hedor de carroña
al abrir la ventana,
como cuando un escape
de gas llena la casa,
si estás hablando solo
es ella quien pregunta,
ni cuando fantaseas
te libras de ella,
se hace tierra de nadie
la vía láctea, los focos
la iluminan, minada,
los luceros: mirillas,
la celeste bóveda un campo
de castigo, pues en el doble
afiebrado de las campanas
está hablando la tiranía,
en el cura a quien te confiesas,
en sus predicaciones,
potro, templo y parlamento,
son otros escenarios suyos;
al abrir y cerrar los párpados,
siempre te mira;
como dolencia está contigo,
como el recuerdo,
y la rueda del tren, ¿la escuchas?
preso estás, preso, repite,
por las montañas y las costas
sigues oliéndola,
relampaguea y es ella
la que truena y deslumbra,
y al corazón lo paraliza,
inesperada;
está en la calma,
en los grilletes del hastío,
en la lluvia precipitándose
en barrotes hasta los cielos;
en la nevada que te encierra
como blanca pared de celda;
es ella quien te mira
por ojos de tu perro;
y estando en toda meta
ocupa tu futuro,
está en tu mente,
y en cada gesto tuyo;
como el agua a su cauce,
la sigues y la creas;
¿miras fuera del círculo?
al espejo te espera,
te acecha, inútil escaparse,
eres guardián y preso,
en el olor de tu tabaco
y en el paño de tu vestido
penetra, hasta en tu médula,
quieres pensar, tu mente
no tiene otras ideas
sino las suyas,
al mirar ves apenas
la ilusión que te muestra,
y te cerca el incendio
del bosque, por el fósforo
que al lanzar a la tierra
no apagaste pisándolo,
y así te guarda prisionero
en casa, campo y fábrica;
no sabes ya qué es vida,
ni pan ni carne,
qué es amor ni deseo,
ni un abrirse los brazos,
así forja esposas el siervo
y él mismo se las asegura,
cuando comes ella se nutre,
para ella engendras tu hijo,
donde hay tiranía, son todos
un eslabón de su cadena;
su hedor emana de tu cuerpo,
tú mismo eres tiranía;
como topos al sol desnudo,
damos tumbos en las tinieblas,
apretándonos en un cuarto
tal como en el desierto;
pues donde está la tiranía
todas las cosas son inútiles,
incluso las canciones,
o cualquier obra;
pues estaba desde el comienzo
junto a tu tumba, es ella
quien dice lo que fuiste,
tus cenizas son sus esclavas.
(1950)

 Traducido por Rodrigo Escobar Holguín y Vera Székács 
 
La historia del poema:
"Una frase sobre la tiranía" es el poema húngaro que ha tenido mayor repercusión en este siglo. Para muchos húngaros es también el más importante del siglo xx, de igual transcendencia a la que tuvo en el siglo xix el "Canto Nacional" de Sándor Petöfi, al estallar la Revolución de 1848 que dio inicio a la Guerra de Independencia contra los Habsburgos.
El poema de Gyula Illyés se publicó el 2 de noviembre de 1956 en la revista semanal Irodalmi Újság (Diario Literario). Era el primer número aparecido después del 23 de octubre, día en que estalló la Revolución. En él se podía dar espacio a la voz libre de los mejores poetas y escritores húngaros. Todos ellos saludaron y apoyaron unánimemente la Revolución. No sabían el poco tiempo que habría para el júbilo: dos días después, al alba del 4 de noviembre, las tropas soviéticas invadieron el país.
Ese único número de Irodalmi Újság libre, encabezado con el poema de Petöfi "Los húngaros se han vuelto otra vez húngaros", llegó a ser famoso en el mundo entero, y traducido, en su totalidad o parcialmente, al francés, al italiano, al inglés y a varios idiomas más ya en 1957. La traducción polaca apareció en edición samizdat, en 1986.
Entre tantas voces vigorosas de ese número destaca la de Gyula Illyés. Como afirmó Alain Bosquet en 1963: "'Una frase sobre la tiranía', su famoso poema, permanecerá como uno de los más puros lamentos de una generación obligada a gritar al mundo con gran fuerza y vehemencia su verdad primordial". El poema lleva la fecha de 1950, uno de los años más duros de toda la dictadura estalinista. Sin embargo, se supone que fue escrito en 1951. En vida del poeta nunca más fue publicado en Hungría. Apareció en 1986, en un volumen póstumo.
Después de la represión de la Revolución, Illyés, como otros, cesó de publicar por largo tiempo. En 1957 escribe en su diario: "Frente al ataque, a la acusación, el escritor tiene un triunfo. No contesta. Así, a quien lo critica le pasará lo que al hacedor de lluvia; su lluvia no llega. Y tiene otro arma terrible; tiene el derecho de destruir un valor social. Se calla. Sin embargo, hay que tener cuidado, porque si en el transcurso de una generación un país tiene diez escritores verdaderos, puede estar feliz de su suerte. El escritor verdadero se reconoce también por sentir cuando se ofenden su justicia y su verdad. Un pequeño abuso contra diez personas, y la nación quedará muda durante una generación."
Con esta traducción ­no tenemos datos sobre la existencia de una versión española anterior­ hemos querido conmemorar el 50 aniversario del nacimiento del poema.
 Székács Vera


Pilinszky János: Basta


Así sea muy ancho lo creado,
es más estrecho que un establo.
De aquí hasta allá. Piedra, árbol, casa.
Actuando estoy. Llego temprano, me retraso.
Pero alguien entra a veces
y lo que existe se abre de repente.
Basta ver una faz, una presencia,
y ya sangra el papel de las paredes.
Sí, sí, basta una mano, como cuando
revuelven el café o hacen el gesto
de abandonar la escena,
para olvidar entonces dónde estamos,
la hilera de ventanas sin aire, y luego
regresar en la noche a nuestro cuarto
para aceptar lo inaceptable.


 Traducido por Rodrigo Escobar Holguín y Vera Székács

Pilinszky János: A perpetuidad





La cama se comparte.
La almohada no.






Traducido por Rodrigo Escobar Holguín y Vera Székács

József Attila: Duele mucho

De la muerte,
que te acecha por dentro y por fuera
(asustado ratón, corre a tu agujero),

huyes apasionado
hacia aquella que amas
para que te proteja con brazos, rodillas, y senos.

No sólo sus senos te atraen,
cálidos y blandos; no sólo
la pasión: la necesidad también.

Por eso besan
con la sangre ardiendo en sus venas
todos aquellos que encuentran mujer.

Es una doble carga
y un doble tesoro para el hombre.
Quien ama y no logra hacerse amar,

es tan desamparado
como una fiera herida
sin asilo ni refugio.

Ya no tienes otra salida
aunque bien hubieras podido
matar a tu madre antes del parto.

Pero mira: hubo una mujer
que comprendía estas palabras,
y, no obstante, me echó de su lado.

Así pues, no tengo lugar
entre los vivos. La cabeza me zumba;
mi dolor y ansiedad, son un enredo.

Soy como el niño que,
dejado solo por sus padres,
agita un sonajero entre sus dedos.

¿Qué podría hacer yo
por ella y contra ella?
No me avergüenza imaginarlo

pues el mundo rechaza
a los que el sueño atemoriza
y son cegados por el día claro.

De mí se despoja
la cultura, como de sus ropas
aquel que en amor es dichoso.

¿Pero dónde está escrito
que tenga que sufrir solo
mientras ella me contempla estremecido por la muerte?

Sufre el recién nacido
con su madre en el parto:
el dolor se disminuye al compartirlo.

En cuanto a mí,
el canto doloroso solo me traerá dinero
acompañado por vergüenza y agonía.

¡Socorredme chiquillos!,
que cuando ella pase
revienten vuestros ojos puros.

¡Inocentes niños!,
chillad como si os pisoteasen, por favor,
y decidle: ¡Duele mucho!

¡Perros fieles!,
caed bajo las ruedas
y ladradle: ¡Duele mucho!

¡Mujeres embarazadas!,
abortad vuestra carga,
y lloradle: ¡Duele mucho!

¡Hombres íntegros!
cambiad golpes brutales
y gemidle: ¡Duele mucho!

¡Y vosotros, muchachos!
que os destrozáis por mujeres,
no lo calléis: ¡Duele mucho!

Toros, caballos,
que para uncir al yugo castran,
bramadle: ¡Duele mucho!

Peces mudos, morded
el anzuelo bajo el agua helada
y boqueadle: ¡Duele mucho!

Y vosotros, vivientes,
conmovidos por el dolor,
que ardan vuestros techos y surcos,

y, en torno de su lecho,
calcinados, mascullad conmigo
mientras ella duerme: ¡Duele mucho!

Que mientras viva lo escuche.
Ha rechazado lo mejor de sí misma.
Por su comodidad despojó en este mundo


al hombre que trata de esconderse
por dentro y por fuera
del último refugio.







"Pero mira: hubo una mujer - que comprendía estas palabras, - y, no obstante, me echó de su lado. "




Esa mujer es  Gyömőri  Edit,  una psicóloga que atendía al poeta. Ese poema esta escrita a ella, un verso lleno de dolor y ganas de venganza por ser entendido y no aceptado sino  más bien rechazado.






Desde 1931 József Attila atendía a la psicoanálisis. A su enfermedad influyeron varios sucesos como por ejemplo su situación  en el partido comunista. Sus camaradas con hostilidad observaban sus ideas de firmar un acuerdo con los socialdemócratas, y en 1933 los partidarios de Stalin le expulsaron del partido bajo el sospecho de propagar el fascismo, otro  momento amargo, por ejemplo el Congreso de Escritores Comunistas celebrado en la capital rusa, a que Attila no fue invitado, sino Illyés Gyula, otro poeta que era un rival para él en muchos aspectos de la vida. Por sus fuertes depresiones, y el pavor a la locura en 1935 fue  hospitalizado. Se siente  acorralado por la pobreza, la soledad y la locura, busca desesperadamente una razón para mantenerse  lucido, aferrarse a la cordura. Quizás esto explique por qué durante sus últimos años se enamoraba tan rápidamente de las mujeres que conocía. Parece lógico e inevitable que durante su tratamiento con la doctora  Gyömőri  Edit, se enamora de ella. Pero la doctora no corresponde a ese amor y tras rechazarlo, interrumpirá las sesiones psicológicas a fines de 1936.
Y la venganza:  "Que mientras viva lo escuche"  -  Duele mucho

Radnóti Miklós: Razglednicák* - la cuarta estrofa

sábado, 26 de noviembre de 2011




Caí junto al cadáver, que giró
y se rompió como un resorte.
Tenía el tiro de gracia. “Así terminarás
–me dije en voz muy baja–. Quédate quieto,
La muerte florece de la paciencia ahora”.
Pude escuchar “Der springt noch auf”**
junto a mi oído en donde sangre y lodo se secaban.


Szentkirályszabadja, 31 octubre 1944.






* En serbio significa : "Postales"
** En alemán significa : "Este aún se levanta"

Este es el último verso de Radnóti   el que escribió unos días antes de su muerte (murió el 4 o el 9 de noviembre) en El Cuaderno de Bor.

 Si hubiera desaparecido este manuscrito suyo nos habríamos quedado sin sus poemas mayores, más maduros y esenciales. Y eso estuvo a punto de ocurrir.

Cuando el ejército alemán ocupó Hungría, el 19 de marzo de 1944, exigió al Ministro de la Guerra húngaro que enviara a Serbia a tres mil hombres judíos reclutados para trabajos forzados. Así, llegó Radnóti   a primeros de junio al Lager Heidenau, en los alrededores de Bor. Allí el poeta tuvo ánimo e inspiración suficientes para escribir  obras  maestras en un sencillo cuaderno de ejercicios entre  penosas condiciones de vida y crueles  trabajos forzados.

A finales de agosto liquidaron el campo de Bor y los 3200 residentes judíos fueron conducidos a Hungría para ser deportados. Hay dos grupos, Radnóti con la ayuda de unos amigos esta en la primera, porque todos piensas que es el que esta en el mejor situación.La mueca del destino que unas semanas más tarde el segundo grupo llegó a ser liberado por los partizanes  serbios y se salvó.

Durante el viaje, gran parte del grupo primero murió debido a las difíciles condiciones.
El nueve de noviembre, cuando Radnóti y veintiuno de sus compañeros presos fueron asesinados cerca de Abda por los soldados que los conducían, el cuaderno fue enterrado con él. Estuvo bajo tierra más de año y medio. Radnóti, como si adivinara lo que le deparaba el destino, escribió un ruego en cinco idiomas para quien encontrase el cuaderno: que lo llevara a casa de su amigo en Budapest.

Puedes leerlo en húngaro si te parece

Radnóti Miklós: Marcha Forzada

Loco es el que cae al suelo      se levanta y vuelve al trillo
   y con un dolor errático       mueve rodilla y tobillo.
 Sin embargo, como si alas     le salieran, vuelve a andar
la fosa en vano le llama        porque él no se va a quedar.
 Y si preguntas por qué       tal vez aún diga esta cosa:
que le esperan la mujer        y una muerte más hermosa.
           Pues sí que es loco y es        cándido, porque sobre cada hogar
ya desde hace mucho sólo     el viento abrasa al pasar.
Y derribó las paredes           y el ciruelo de raíz
y erizada está de miedo     la noche en su país.
                     Ay! Si creer pudiera:       llevo  no sólo en mi pecho un mar
de cosas que aún valen       y una casa para regresar.¡
                           ¡Si aún la hubiera!           Y como antes  en la veranda amplia y vieja
al enfriar la mermelada       sentir zumbar a la abeja
        de la paz, y entre las          huertas  soñolienta cogería
sol entre frondas y frutas      que desnudas ondearían
            y Fanni me esperaría        rubia ante el seto de grana,
      y escribiría una lenta           sombra la lenta mañana
¡pero aún quizá es todavía!     ¡la luna es redonda, y tanto!
No sigas andando, amigo,     ¡grítame! ¡Y yo me levanto!

Bor   Septiembre 15, 1944


 


Örkény István: In memoriam Dr. KHG.

lunes, 14 de noviembre de 2011

 (Micro-relato)

-Hölderlin ist ihnen unbekannt? (¿Conoce usted a Hölderlin?) –preguntó el Dr. KHG mientras cavaba el foso para el cadáver de un animal reventado.
-¿De quién habla? –preguntó el centinela alemán.
-Él escribió el Hiperión –explicó el Dr. KHG, le gustaba mucho explicar-. La figura cumbre del romanticismo alemán. Y a Heine, por ejemplo, ¿lo conoce?
-¿Quiénes son esos? –preguntó el centinela.
-Poetas –dijo el Dr. KHG-. ¿Tampoco le suena el nombre de Schiller?
-Sí, me suena –dijo el centinela alemán.
-¿Y el nombre de Rilke?
-También –dijo el centinela alemán y se puso colorado como un pimiento, y le pegó un tiro, sin más, al Dr. KHG

Petőfi Sándor: Tiembla el arbusto…

Tiembla el arbusto, porque
Se posa la avecilla;
Si a mi recuerdo llegas,
¡Ah!, tiembla el alma mía.
A mi recuerdo llegas,
Chiquilla, como el ave,
Y eres de este gran mundo
El más grueso diamante.

Henchido va el Danubio,
Sus márgenes rebasa;
Tampoco hay en mi pecho
Lugar para mis ansias.
¿Me quieres, mi rosal?
Es tanto lo que te amo
Que ni tu padre y madre
Pueden quererte tanto.

                                                                                    Cuando nos vimos juntos,
                                                                                   ¡Qué grande era tu afecto
                                                                                   En el ardiente estío…;
                                                                                   Mas hoy es frío invierno!
                                                                                   Si es que ya no me quieres,
                                                                                   El Señor te bendiga;
                                                                                   Mas si aún amor me guardas,
                                                                                   Mil veces más bendita. 


Ese poema fue escrita para Júlia Szendrey, quien  después se convertió a su esposa. 

La respuesta de Júlia al ver ese verso era simple: "mil veces" 
 A buen entendedor pocas palabras ...  :)


 Traducido por Juan Luis Estelrich (Artà, Mallorca, 1856 - Palma de Mallorca, 1923) a partir de unas versiones literales del hispanófilo y catalanófilo húngaro Albin Kőrösi (1860-1936), y publicados en la Revista Contemporánea de Madrid.

Szabó Lőrinc: El sueño de Chuang Tse

Chuan Tse un maestro del Tao



Hace dos mil años Chuang Tse,
el maestro, me mostró una mariposa.
- En mi sueño - dijo- era esta mariposa
y ahora estoy algo confuso.

- Una mariposa - siguió-, sí, era una mariposa,
la mariposa bailaba alegre al sol,
sin sospechar que era Chuang Tse...
Me desperté ... y ahora ya no sé,



ahora no sé - continuó pensativo -
cuál es la verdad, cuál puede ser:
si Chuang Tse soñó a la mariposa
o la mariposa me soñó a mí-

Yo bién que me reí: - !No bromees, Chuang Tse!
¿Quién puedes ser? Eres tú: Chuang Tse. !Claro que eres tú!-
Sonrió: - !La mariposa de mi sueño
veía igual de clara su verdad!-

Sonrió, me encogí de hombros. Luego
algo me hizo estremecer,
llevo dos mil años pensando desde entonces,
pero estoy cada vez más indeciso,

ahora ya creo que la verdad no existe,
que todo es poesía e imagen 
que Chuang Tse sueña a la mariposa,
la mariposa a él y yo a los tres.

József Attila: Mamá

domingo, 13 de noviembre de 2011

Desde hace una semana, sólo pienso
en mi mamá, lento y abstraído;

Con la chirriante cesta a la cintura,
iba siempre al desván en su premura.

Yo era un hombre sincero todavía:
chillaba, pataleaba. Le decía:

deja para otro ese pesado bulto y grande
  y llévame a mi al desván, madre.

Sola se iba a tender, calladamente,
sin regañarme, sin mirarme, ausente.

  Y las ropas crujían, luminosas,
  revoloteando en lo alto, jubilosas.

                                                                                        Aunque para llorar ya es tarde ,
                                                                                        sé cuan inmensa eres, madre.

                                                                                      Flota en lo alto su agrisado pelo
                                                                                      y echa su añil en el agua del cielo.

La  madre de József Attila se empeña en una serie de trabajos ocasionales,generalmente, lavando  ropa, pero debido a su débil estado de salud, muere de cáncer en 1919, cuando su hijo tiene 14 años.
El padre es jabonero y abandona a su mujer y tres hijos  (dos mujeres y un niño) cuando Attila aún tiene 3 años, con la intención de viajar a América, aunque luego se sabe que vuelve a su provincia de origen y ejerce su oficio en diversas ciudades de Rumania.
A József Attila le cuesta superar la perdida de su madre, le dedica varios versos a lo largo de su vida.  Cuando a  los 17 años la revista Nyugat (Occidente) publica algunos de sus poemas, todo el mundo queda maravillado y  hablan de él con admiración, el poeta lo comenta así: “Me consideraron un niño prodigio, y sin embargo no era más que un huérfano”.

Ady Endre: Almas en la argolla

sábado, 12 de noviembre de 2011

Tornyai  Janos: Bús magyar sors

Amarraron a mi alma,
Porque embravecido agitaba,
Porque en vano la azotaba
En vano galopaba, en vano galopaba.

Si veis en la Llanura Grande
Un corcel, atado, bañado en sangre:
Cortadle su correa; porque alma es,
Alma húngara triste


O otra versión:

Amarraron a mi alma,
Porque embravecido agitaba,
Porque en vano la azotaba
En vano galopaba, en vano galopaba.

Si veis en la Gran Llanura
Un corcel, atado, echando espuma
Cortadle la rienda;
Porque alma es, alma húngara en pena.

Ady Endre: El piano negro

viernes, 11 de noviembre de 2011

Es un tonto instrumento que gime y que relincha
a quien nadie se acerca si no es amante del vino.
Este es el piano negro.
Con insistencia un ciego aporrea sus teclas,
y en ellas grita la canción de la vida.
Este es el piano negro.

Entrestecidos ojos en su gruñona testa
y una súbita sed en todos sus sentidos.
Este es el piano negro.
En el ritmo alocado de sus notas solloza el corazón
                       ilusionados sones rezumantes de vino.
                                    Este es el piano negro.


Otro versión algo diferente de Jockó:

 El piano negro

Loco instrumento: llora, relincha, gime.
Que corra quien no tenga vino.
El maestro ciego lo aporrea, lo sacude,
Es la melodía de la vida.
Es el piano negro.

Un zumbido en la cabeza, lágrimas en mis ojos
Banquete de ansias victoriosas,
Todo eso, todo: el piano.
La sangre de mi corazón loco, ebrio
se vierte al ritmo de sus teclas.
Es el piano negro.

József Attila: Corazón puro

jueves, 10 de noviembre de 2011



No tengo ni padre ni madre,
no tengo ni patria ni Dios,
no tengo ni cuna ni sudario,
no tengo ni sombra de amor.

Hace tres días que no como
siquiera un pedazo de pan.
El poder de mis veinte años
se lo venderé al mejor postor.

 Y si nadie quiere comprármelo
al diablo se lo venderé.
Robaré, puro el corazón,
y, si es preciso, mataré.

                    Seré atrapado y luego ahorcado.
                       La santa tierra me cubrirá
                         y a mi precioso  corazón
                          yerba fatal le crecerá. 

Traducido por Fayad Jamís

El mismo poema en versión de Alberto Bixio

No tengo Dios, no tengo rey
 mi madre nunca usó anillo,
no tengo choza ni lugar donde morir,
 no doy besos no tengo amante. 

 Durante tres días mastiqué mi pulgar
 por falta de un mendrugo de pan. 
Aunque tengo veinte años y soy fuerte y sano,
 mis veinte años están en venta 

Si nadie quiere comprarlos,
 el demonio tiene derecho a hacer su oferta:
entonces, usando de mi sentido común,
robaré y mataré inocentemente. 

 Hasta que me cuelguen alto de una cuerda,
 y yazga en la bendita tierra...,
 Y crezcan venenosas hierbas
desde mi corazón sencillo y puro

József Attila: Oda


                         1 
En la luminosa roca estoy sentado.
       Vuela la suave brisa
         del joven verano
igual que la tibieza de una dulce cena.
      Al silencio acostumbro
mi corazón (no es tan difícil).
        Todas las cosas desaparecidas en torno mío se reúnen
mi cabeza se inclina, y cuelga
mi mano.

Contemplo la crin de las montañas.
Brilla en todas las hojas
la llama de tu frente.
En el camino, nadie, nadie.
Miro cómo tu falda
ondea al viento.
Bajo los frágiles follajes
tiemblan fugaces tus cabellos,
vibran tus blandos senos un instante
y, mientras el arroyuelo Szinva corre,
miro surgir una vez más
en los guijarros redondos y blancos
de tus dientes, la sonrisa de un bada.


2
¡Oh cuanto te amo,
a ti que has logrado hacer hablar a la vez
a la intrigante soledad
que está tejiendo su trama
en los resquicios más profundos del corazón,
y a todo el Universo!

Tú, como una cascada huye de su ruido,
me abandonas y corres silenciosamente,
mientras yo, entre las cumbres de mi vida,
próximo a la lejanía,
retumbo, chocando en la tierra y en el cielo,
y grito que te amo,
¡mi dulce madrastra!


3
Te amo como el niño ama a su madre,
como las mudas fosas a sus profundidades.
Te amo como las salas a la luz,
como el espíritu al fuego y el cuerpo al descanso.
Te amo como los mortales aman la vida,
hasta que mueren.

Tus movimientos, tus palabras, todas tus sonrisas,
acojo como la tierra los objetos que caen.
En mi imaginación mis instintos te penetran
como al metal los ácidos.
En mi mente tu imagen hermosa y amada, tu ser,
colma todas las cosas esenciales.

Los instantes pasan, ruidosos,
y en mis oídos tú estás muda.
Las estrellas descienden y caen,
pero tú te detuviste en mis ojos.
Tu sabor, como el silencio en una gruta,
flota enfriándose en mi boca.
Y sobre el vaso de agua tu mano
con sus venas tan finas
que apenas se vislumbran.


4
¡Oh!, ¿qué materia soy yo
que tu mirada me corta y me transforma?
¿Qué alma y qué luz
y qué fenómeno de asombros,
que pudo recorrer en la niebla de la nada
los paisajes sinuosos de tu fértil cuerpo?

Y como el verbo en una mente abierta,
yo puedo descender a sus misterios.
Tu red sanguínea, como los rosales,
tiembla sin cesar.
Ella conduce la corriente eterna
para que surja el amor en tu rostro,
para que tu matriz tenga un fruto bendito.
El suelo sensible de tu vientre
está bordando de raíces pequeñitas, hilos finísimos,
que se anudan y desanudan
para que las células que tus humores recojan sus
enjambres,
para que los bellos arbustos de tus frondosos pulmones
canten sus propias glorias.

La eterna materia pasa felizmente
a través de tu cuerpo, por los túneles de tus intestinos,
y la escoria recibe una vida plena
en los pozos ardientes de tus férvidos riñones.
Colinas onduladas se levantan,
constelaciones se estremecen en ti.
Lagos se mueven, fábricas trabajan,
hormiguean un millón de animales vivientes,
el insecto
y el alga,
la bondad y la crueldad;
un sol brilla, se nubla una aurora boreal.
En tu sustancia se desplaza, errante,
la inconsciente eternidad.


5
Como coágulos de sangre
caen hacia ti
estas palabras.
Tartamudea la existencia.
Sólo la ley es un claro discurso.
Mis órganos laboriosos, que día tras día
me dan vida, ya se preparan
a callar para siempre.
Pero todos clamarán hasta entonces.
¡Oh, tú, escogida entre la multitud
de dos mil millones de seres humanos;
oh, tú, la única,
suave cuna, recia tumba, lecho vivo,
acógeme en ti!

(¡Qué alto está el cielo del amanecer!
En sus minerales relucen ejércitos.
El gran resplandor deslumbra mis ojos.
Sé bien que estoy perdido.
Escucho cómo chirría y palpita sobre mí
mi corazón.)


6
Canción añadida

Me lleva el tren y yo sigo tus pasos
Tal vez hoy mismo estés entre mis brazos
y tal vez se enfriará mi rostro ardiente
o tal vez tú me digas suavemente:

“Te espera el agua tibia, ve a bañarte.
Toma la toalla, puedes ya secarte.
La carne se está friendo, te hartará.
            Donde mi lecho está, tu cuerpo está."

Para mi es uno de los versos más bellos de amor nunca escritos. Al leerlo uno piensa que seguramente el poeta le escribió para su  gran amor, un amor qu dura para toda la vida o algo por el estilo, pero en la realidad, la historia que esta detrás del poema es un simple ligue de una noche. O ni eso, un flechazo por parte del poeta.
El poeta estuvo en un Congreso de Escritores en Lillafüred (un sitio muy bonito con lago y cascadas entre las montañas-algo no muy frecuente en Hungría- :)) donde conoció a Dr. Szöllős Henrikné Márton Márta, a una mujer casada y...
Pues nació la Oda.